Psicologas en Castro Urdiales, Terapia de pareja y Sexología

¡Nuevo episodio! Estigma de acudir al psicólogo y tener un trastorno mental

Os traigo un nuevo episodio del podcast del Centro de psicología especializado en la atención infantil, juvenil de Castro Urdiales, Cantabria.

A continuación puedes escuchar el tercer episodio en este caso Angela Linares, María de Marco y Laura Montero os hablan sobre el estigma que existe al acudir al psicólogo y sobre el tener un trastorno mental .

Estigma de acudir al psicólogo y tener un trastorno mental

En este episodio guiado por Noelia Puyal, Angela Linares, psicóloga general sanitaria especializada en mindfulness y gestión emocional y María de Marco, psicóloga general sanitaria especializada la atención infantojuvenil para abordar el estigma entorno a las enfermedades mentales y el porqué todavía hoy en día nos cuesta acudir al psicólogo. Además, contamos con la participación de Laura Montero, psicóloga y sexóloga para hablarnos de la sexualidad en personas con trastorno mental grave y/o algún tipo de discapacidad cognitiva.

Podcast transcrito

¿Qué opinión general os merece el tema de hoy?

 Es una pena, pues las enfermedades mentales son un gran estigma todavía en nuestra sociedad. Actualmente no tenemos ningún problema en decir que tenemos una enfermedad o un problema físico, pero en lo que respecta a trastornos mentales o limitaciones cognitivas, por ejemplo, la cosa se complica… porque la mayoría de la sociedad ve a estos enfermos desde términos despectivos, calificándolos de ‘locos’ como has comentado antes, junto con la creencia de que el enfermo mental debe de estar ingresado en un psiquiátrico.

Y es que en el momento en el que una persona es diagnosticada con una enfermedad mental ya vive con ese estigma de ser visto diferente al resto de la sociedad, de no encajar en ella, de vivir aislado socialmente…es decir, consecuencias que muchas veces actúan como una barrera en la recuperación.

Por no hablar de que también se enfrentan al rechazo laboral… entonces todos estos factores hacen que se propicie la evitación de hablar sobre ese tema lo que conlleva a la no normalización ni visibilización.

Estoy de acuerdo con mi compañera, y yo que me dedico al campo infantil veo día a día también como este estigma repercute lamentablemente en los más pequeños. Se emplean etiquetas, generalmente, para referirnos a ellos que les limita de por vida , como por ejemplo en el caso de los niños con trastorno del espectro autista, diciendo que son antisociales y retraídos,  dejando de lado miles de rasgos que son personales y únicos de cada individuo. 

Ante todo, somos personas, y tener una enfermedad mental no les define como persona global, un niño sigue siendo un niño, con sus propias necesidades y sueños, un adolescente tiene como otro cualquiera sus preferencias, deseos y  también tendrá derecho a desarrollar su intimidad y autonomía, y cuando sean adultos no habrá que tratarlos como a un niño porque están en otra etapa vital en la que presentarán otras necesidades y derechos que habrá que respetar. 

En España, por norma general, muchas personas acudían a la Iglesia para confesarse y así poder solventar sus pecados con Dios.¿Crees que esto incidió en la mala visión que se mantenía sobre recibir servicios psicológicos?

Antiguamente quizá, la gente acudía a la iglesia como forma de “encontrar ayuda”, de aliviar sus dolores emocionales, o incluso de poder expresar todo eso que sentían y les pasaba. Seguramente porque la figura del psicólogo no estaba tan presente ni accesible en la sociedad. 

Pero actualmente, es cierto que muchas personas se siguen preguntando, si son compatibles o incompatibles religión y psicología. Es más, algunas personas son reacias a acudir a terapia porque temen que vayan a proponerles realizar cambios que vayan en contra de sus creencias, en este caso religiosas. O que, por ejemplo, te va a entender mejor un psicólogo que sea de tu misma religión a otro que profese otra o ninguna. Probablemente porque todavía queden vestigios de esos pensamientos en la sociedad o por falta de conocimiento de la materia. Pero, en mi opinión, el psicólogo debe ver el problema o la dificultad desde las creencias y el estilo de vida de la persona que acude a terapia, independientemente de si está a favor o en contra de eso. 

Es decir, se debe entender el problema desde las experiencias y creencias de la persona, siendo muy importantes también las religiosas. Entender la problemática desde su realidad, desde sus creencias. Y aquellas que le estén favoreciendo o puedan ayudarle, como pueden ser las religiosas, potenciarlas. Y aquellas que le están perjudicando, o dañando, ayudarle a entender y decidir si quiere modificarlas.

Todo esto, son miedos totalmente comprensibles pero que están basados en estereotipos o creencias muy lejos de la realidad. Y se tiene que dejar de pensar que la religión es incompatible con la psicología, se tienen que empezar a ver y a entender a las personas en todas sus dimensiones, incluyendo la espiritual si es importante.

¿Cómo crees que podrían actuar los medios de comunicación y los personajes públicos sobre el comportamiento individual y social para fomentar una imagen más positiva de la Psicología? 

Creando campañas de sensibilización social, por ejemplo, en las cuales se hiciera visible la importancia que tiene la salud mental en todos los ámbitos de la vida. 

Porque, aunque hay una mejora en el trato recibido por la salud mental en los últimos años, se sigue transmitiendo de forma sutil e incluso, a veces, de forma explícita o de manera cómica, una imagen errónea y negativa de la enfermedad mental. De forma inconsciente y como parte de la sociedad que son, los medios a menudo perpetúan las falsas creencias y estereotipos. A las personas con una enfermedad mental se les asigna casi siempre el papel de ‘trastornados’ que son temidos, rehuidos, rechazados, causantes de vergüenza y castigados.

Y, a diferencia de lo que se nos muestran, la mayoría de las personas con enfermedad mental pueden llevar una vida plena y normalizada, siempre y cuando cuenten con un tratamiento integral y apoyo social adecuado.

En las últimas décadas, se han conseguido importantes avances en los ámbitos normativos, sanitarios y organizativos pero, en la vida cotidiana, este colectivo sigue enfrentándose a estereotipos y prejuicios. Poco hemos avanzado en la imagen social positiva de las personas con enfermedad mental.

Como comenta Ángela, si bien es cierto que los psicólogos estamos luchando por avanzar contra esta estigmatización y hemos conseguido ciertos avances, aún nos queda mucho por hacer. Mismamente, nos encontramos con un ejemplo muy reciente que deja notar lo olvidada que está la salud mental en el campo sanitario y social. Como sabréis, Iñigo Errejón quiso proponer que la cuarta ola que iba a haber del Covid 19 iba a saber la de la salud mental, argumentando que para hacerle frente íbamos a necesitar aumentar los recursos dirigidos a la salud mental, duplicando las plazas de psicólogos públicos que tan escasas son actualmente y quiso denunciar que habíamos llegado a normalizar sobremedicar a la población para tratar trastornos como la depresión y la ansiedad,  pero no pudo llegar a terminar su discurso porque otro diputado le interrumpió y ridiculizó añadiendo que se fuese al médico. Como  podemos ver… El estigma está muy presente. 

Mundialmente acabamos de sufrir los efectos del virus del Covid 19 y, en muchos casos, ha dado pie a la aparición de ciertos problemas de salud psicológicos. ¿Crees que, a su vez, ha fomentado la asistencia a centros psicológicos con la finalidad de trabajar los problemas que atañen?

Sí, de hecho se ha podido ver que los profesionales de salud mental han aumentado su trabajo exponencialmente, se habla que las consultas han aumentado un 200%, sobre todo las online.

Esto refleja que durante todo este tiempo que llevamos de pandemia, de tantos desajustes emocionales, la población está dando una mayor importancia al cuidado de la salud mental, así como a gestionar, enfrentar y aceptar toda estas situaciones que estamos viviendo.

Por eso, creo que es el momento idóneo y necesario para que sigamos reivindicando la normalización de la salud mental como un pilar fundamental para el bienestar, porque todavía se prevé que las consecuencias psicológicas derivadas de la pandemia y del virus aumenten.

Por mi parte, también considero que se ha incrementado la demanda, aunque mucha gente no asocia sus problemas de manera directa al covid. Sin embargo, podemos ver quejas de agotamiento emocional y estrés por falta de ocio, falta de contacto social (falta de espacios de calidad para compartir en familia, en pareja, con amigos) falta de espacio personal, conflictos familiares y aumento de separaciones, problemas laborales y teletrabajo,  miedo y fobias intensificadas, consecuencias que vendrían a resumir la fatiga pandémica que estamos viviendo. Los datos muestran que algunos trastornos psicológicos,  como el trastorno obsesivo compulsivo y la agorafobia,  se han incrementado y agravado tras la pandemia. 

Pero como ya comentamos anteriormente, este aumento en la demanda de momento no ha traído  consigo un aumento de los psicólogos públicos, lo que hace que los servicios estén saturados y no se pueda ofrecer un buen tratamiento a las personas que, quizás, más lo necesitan.

Aún a día de hoy, son muchos los negocios que no quieren contratar a personas cuyas capacidades cognitivas se vean afectadas negativamente y, por tanto, dan lugar a la discriminación negativa de estos sujetos. ¿Cómo crees que se podría actuar, bien sea desde el gobierno central o desde la sociedad, para fomentar el empleo de las personas bajo estas condiciones mentales?

El estigma que este colectivo sufre no está sencillamente arraigado en la carencia de información, como a veces se piensa, sino que está arraigado en las personas, en las familias, en la sociedad misma. Muchos de los mitos sobre el enfermo mental, especialmente el de la violencia y el de la incapacidad, son transmitidos de unos a otros, en las familias, en los medios de comunicación, en el cine, etc. contaminando todas las actividades sociales.

Esto genera un trato desigual, de prevención y prejuicio, de exclusión que se pone de manifiesto en los pequeños gestos de la convivencia cotidiana y también, evidentemente, en la normalización de una convivencia social, laboral, asociativa, etc.

Entonces, se tendrían que crear lugares de vida (familia o instituciones sustitutivas, diferentes tipos de vivienda, clubes sociales, etc.), facilitar el acceso al mundo laboral (en sus diferentes formas, desde la formación, pasando por el trabajo protegido hasta el mundo laboral normalizado), potenciando la convivencia comunitaria, haciendo posible la expresión de sus necesidades y sus deseos, etc. son las herramientas dónde se debe poner el énfasis si lo que se pretende es la integración social y la mejora de la calidad de vida del enfermo mental.

Respetar la diferencia es generar igualdad de oportunidades y posibilitar la participación de los colectivos no favorecidos. Es el caso de los enfermos mentales. Pero esto sólo es posible con un compromiso de todos y en un clima de respeto.

Totalmente de acuerdo Angela. Es un trabajo de todos, de cada persona individual y no solo de los gobiernos avanzar hacia una sociedad más inclusiva e igualitaria. Todos podemos y debemos aportar nuestro granito de arena.

Para esta pregunta cuento con la participación de Laura Montero. Ella es sexóloga y terapeuta de pareja en el centro Lamor y tiene formación en la prevención de violencia de género. Dado que se tiende a infantilizar a las personas que tienen discapacidad intelectual, muchos de los padres no saben muy bien cómo enfocar el tema de la sexualidad con sus hijos. ¿Qué consejo les darías a los progenitores de las personas con discapacidad para que pudieran abordar positivamente la sexualidad de sus hijos y, por tanto, no estigmatizarlos ni infantilizarlos?

Lo primero que tenemos que entender cuando hablamos de esta situación es que la sexualidad es algo inherente del ser humano; es decir, no por tener una enfermedad mental o algún tipo de trastorno se pierde la capacidad de ser sexual. También es bastante frecuente que se crea que estas personas tienden a la hipersexualización, como si no controlan sus impulsos sexuales. Por ello, al igual que con el resto de personas, es necesario abordar el tema de la sexualidad de forma natural y contándoles toda la verdad. Otra cosa que debemos de tener en cuenta es que debido a la situación que pueden sufrir estas persona puede haber una falta de intimidad, por ello también suele tratarse de un colectivo bastante expuesto a sufrir abusos sexuales, ya que no tienen esa percepción de lo íntimo. Por tanto, también es importante prevenir esto. Pero, como digo siempre, no desde el miedo sino desde la información contrastada.  Y si no nos sentimos capaces de proporcionarles esta información, sería útil contactar con profesionales que pudieran abordarlo, por ejemplo proponiendo desde asociaciones a las que puedan pertenecer.

Como se señala, para lograr un mundo más justo y sano es preciso que se desestigmatice a las personas con discapacidad pues son igual de válidas que el resto de la sociedad y, aunque cuenten con ciertas capacidades limitante, pueden trabajarlas y lograr un buen desarrollo personal. Además, ¿quién no ha sabido, alguna vez, cómo enfrentar una problemática determinada que tuviese en un momento preciso?… pues sí, hubiese sido más fácil hacerlo si se hubiera contado con apoyo por parte de un profesional especializado en la Psicología y en la salud mental. Bueno, chicas. Antes de despedirnos. ¿Os gustaría añadir algo más?

Por mi parte, me gustaría añadir que esta estigmatización de la que estamos hablando  hace mucho daño  en general a la hora de acudir al psicólogo, independientemente de tener o no un trastorno mental. Hoy en día los psicólogos nos dedicamos a mucho más que al tratamiento de las enfermedades mentales , desarrollando también tareas de prevención y promoción de salud mental y ampliando nuestro campo de intervención a toda la población, dotándolos de recursos y de herramientas para desarrollar su crecimiento personal, mejorar su calidad de vida y bienestar psicológico, sin la necesidad de que exista ningún diagnostico detrás. La triste realidad es que la connotación negativa que sigue teniendo ir al psicólogo frena a muchísimas personas que desearían venir por vergüenza al qué dirán, ¿se pensarán que estoy loco? y así me lo llegan a transmitir algunos de mis pacientes. Esto también lo veo muchísimo en los padres de algunos niños que, de cara al exterior, quieren ocultar que su hijo viene a consulta como si fuese algo malo, cuando realmente no tendría porqué ser así. 

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